Lo que está claro es que en la intimidad existen ciertas leyes
naturales que gobiernan la experiencia sexual entre dos personas y que
estas leyes no pueden alterarse, como tampoco se puede alterar la
gravedad. El hecho es sentirse fisicamente a gusto con el cuerpo de
otra persona no deende de notros. Tiene muy poco que ver con lo que
piensan, hacen, dicen o parecen las dos personas en cuestión. Hay un
imán misterioso que puede estar ahi, enterado en las profundidades del
esternon, o no. Cuando no existe ese iman (cosa que sé por mi dolorosa
experiencia propia), no se puede forzar, como un médico no puede
obligar al cuerpo de un paciente a aceptar un riñón del donante
equivocado.
Comer en Italia, Rezar en India, Amar en Indonesia. pag. 311
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"Alguien dijo una vez que en el momento en que te paras a pensar si quieres a alguien, ya has dejado de quererle para siempre."
Carlos Ruiz Zafón, en la Sombra del Viento
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Era como su fuésemos las primeras personas que se habían besado nunca, como si hubiésemos inventado juntos esa noche el arte de besar. A la mañana siguiente, Iris se había convertido en mi final feliz, el milagro que me había sucedido cuando menos lo esperaba. Nos tomamos el uno al otro por asalto y nada ha vuelto a ser igual para mí desde entonces.
Paul Auster. Leviatán
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Más bien, cada una de nosotras se convirtió en un refugio para la otra, el sitio donde podíamos acudir a buscar consuelo para la soledad.
Al final, el sexo era lo menos importante. Después de todo, un cuerpo es solo un cuerpo, y en realidad no importa si la mano que te toca es la de un hombre o la de una mujer.
Paul Auster. El país de las últimas cosas
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Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Cap.7 Rayuela de Julio Cortazar.
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'El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor'.
Gabriel García Márquez.
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“Duele constatar que algo que ha sido tuyo, o así lo creíste, ya sólo puedes abordarlo como extranjero, y que no hay mejor manera de probarle tu afecto que apartándote hacia la penumbra.”
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Lorenzo Silva: La reina sin espejo
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"Sentíase culpable unha vez máis. Culpable de querelo demasiado, tanto como para non querer compartilo con nada nin con ninguén [...] Por iso calou, bicouno e amouno en silencio."
Rosa Aneiros. (Resistencia)
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