Un refugio para el otro
Más bien, cada una de nosotras se convirtió en un refugio para la otra, el sitio donde podíamos acudir a buscar consuelo para la soledad.
Al final, el sexo era lo menos importante. Después de todo, un cuerpo es solo un cuerpo, y en realidad no importa si la mano que te toca es la de un hombre o la de una mujer.
Paul Auster. El país de las últimas cosas
